Moisés, la desaparición de un reportero


Adriana Malvido

Por más negra que sea la noche, todo amanecer promete una esperanza. Pero 2015 nos despertó con una pesadilla recurrente: el secuestro de un periodista más es nuestro país, ahora en Medellín de Bravo, Veracruz. Su nombre es José Moisés Sánchez Cerezo, editor y dueño del periódico comunitario y del blog La Unión, a cuya casa llegaron cuatro vehículos con hombres armados y se lo llevaron, junto con su laptop, su cámara y su celular. Eran las 7:30 de la noche del 2 de enero. Y hasta ahora, nada de él se sabe.

Lo que sí se sabe es que denunciaba la corrupción de las autoridades municipales, la pobre calidad de servicios básicos como la recolección de basura y la ausencia de alumbrado, la creciente inseguridad en la zona y la falta de acción del gobierno local contra la delincuencia. También que reporteaba a bordo de su taxi y empezaba a organizarse con su comunidad para defenderse de la violencia mediante patrullajes vecinales. Asegura su familia que había sido amenazado por el alcalde, Omar Cruz, por lo que hay 13 policías arraigados.

Del año 2000 a la fecha han asesinado a 15 periodistas en Veracruz, diez de ellos durante el gobierno de Javier Duarte. Con Moisés, son ya cinco los desaparecidos. Marchan los colegas en varios estados exigiendo la presencia con vida del también fotorreportero y no hay respuesta. Más de 500 han firmado una carta dirigida a Peña Nieto exigiendo que la Fiscalía Especial para Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión de la PGR atraiga el caso. Silencio. Se reúnen Duarte y Enrique Peña Nieto en Veracruz la semana pasada y el asunto no es tema. El Pen Club, Article 19, la Sociedad Interamericana de Prensa y el Comité de Protección de los Periodistas, entre otros organismos internacionales, condenan los hechos. Y nada.

Lo anteceden en 2014 múltiples casos, en su mayoría impunes. Como el atentado al domicilio de Margarito Juárez, del Diario 24, en Fresnillo Zacatecas, una madrugada de octubre. En septiembre, la golpiza a Karla Silva en la redacción de El Heraldo de León, en Silao, Guanajuato, por un comando que le advertía: “Bájale de huevos a tus notas”. El asesinato de Octavio Rojas, corresponsal en Oaxaca de El Buen Tono, de Córdoba, Veracruz, a quien le dispararon en la puerta de su casa, en agosto. El ataque, el mismo mes, contra Indalecio Benítez, director de una radioemisora comunitaria en la Ciudad de Luvianos, Estado de México, cuando, al llegar a casa con su familia, lo recibieron a balazos y mataron a Juan Diego, su hijo de 12 años. El secuestro y asesinato de Jorge Torres, columnista de El Dictamen de Acapulco, Guerrero, en junio. La golpiza a Edwin Canché en Seyé, Yucatán, ordenada por el alcalde, en enero… Según la CNDH se registraron, de 2010 a la fecha, 97 quejas por asesinatos de periodistas y 433 agresiones, 21 desapariciones desde 2005 y 42 atentados a instalaciones de medios desde 2006.

Escribe John Ralston, presidente del Pen Club Internacional: “Aquellos con poder y autoridad que niegan un problema eventualmente se convierten en parte de él”.

Allá en París, impresionante la marcha por Charlie Hebdo. Acá, impresionante el silencio.

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Libertad de Expresión

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