Asesinado el que detuvo a “Las Poquianchis”

Crónica de Mota Ayala
El Mexicano
ENRIQUE ESTRADA BARRERA *

Reconocimientos por labor cumplida; En 1963, dirige la Policía Judicial de León; “El Argentino” y “El Cuatro Vientos”; Los que no volvieron a robar a León; Denuncias contra “Las Poquianchis”; Detenidas con sus secuaces.

MEXICALI, B. C.- Escribir de alguien a quien quiere uno mucho, es bastante difícil; el cariño, la amistad y los hechos, nos acercan y nos obligan a admirar a quien por su limpia manera de ser y supera todos los obstáculos; nos obliga a reconocer a quien con un servicio limpio y brillante ofreció la vida por todos. Fue Policía, con más de 50 años de servicio y como tal, tuvo muchos reconocimientos.
Esta es la crónica de un reportero, para un gran jefe policíaco: Mota Ayala.
Miguel Angel Mota Ayala, un buen policía, murió a los 74 años de edad en el ejercicio de su deber, al que le dedicó toda la vida. Gracias a su investigación y por sus logros, obtuvo el Premio al Mejor Policía de Guanajuato en 1964, por destacar como Jefe de Grupo de la Policía Judicial de León y detener a la más grande banda de secuestradores y asesinos del centro y norte de la República, encabezado por “Las Poquianchis”; coordinador de Seguridad del Lic. Jorge de la Vega Domínguez, Gobernador de Chiapas y luego secretario de Industria y Comercio: ejecutor de CONASUPO; director de Seguridad Pública, en Irapuato, Guanajuato y reconocido como el Mejor Policía de México en 1988. Instaló el Bufete Regional de Investigaciones Privadas y Capacitación de Seguridad Profesional en mismo Irapuato, de donde, por ser miembro del grupo de Mormones, lo invitaron a capacitar al grupo de policías en Galeana, Chihuahua en el 2007 y un año después, lo designaron director de Seguridad Pública en ese lugar, hasta el 11 de noviembre anterior, en que fue levantado de su casa en Lagunitas y sacrificado a sólo dos kilómetros, de su vivienda.
En 1963, dirige la Policía Judicial de León
León, Guanajuato había tenido muchos problemas policíacos; en 1961 tuvo el más fuerte cuando la Policía Judicial, asaltó el rancho de los Zermeño Gómez, acribillando a 5 hombres y dejando 5 viudas y 26 huérfanos; el responsable de esta sarracina fue el Jefe de Grupo Benjamín Padilla, que llegó al rancho de “El Guayabo” y mató a Alberto Zermeño Estrada y sus hijos José Guadalupe, Irineo, Leopoldo y Felipe Zermeño Gómez. La Procuraduría dio de baja a todos los judiciales, consignando a Benjamín. Un año después, a principios de 1962, se da el crimen de la secretaria María de Jesús Mena López, mejor conocida como la “Mary Chessman” y la policía repite la acción, deteniendo a Adalberto Cobián y a José María Salas, a los que dejan libres 15 días después, por falta de pruebas.
En septiembre de 1961 asume el cargo de Gobernador del Estado, el Lic. Juan José Torres Landa, quien impulsa un verdadero desarrollo para Guanajuato, a la vez que fortifica las acciones de la Policía. Nombra al Lic. Raúl Aranda Torres, como Procurador de Justicia y en los movimientos, llega a León en agosto de 1962 como Jefe de la Policía Judicial, Miguel Angel Mota Ayala, un investigador de apenas 29 años, con cinco años de servicio en Irapuato.
Esos eran los tiempos en que en León, Guanajuato habían aparecido los famosos “Rebeldes sin causa” que causaban muchos problemas y a los que Miguel Angel, junto con el director de la Policía de León Carlos Hidalgo Zermeño, con policías jóvenes combatieron a los “Rebecos” en la calle Rivera, la guarida de todos ellos. Sometieron a los dirigentes de estos grupos y los tuvieron a raya, manteniendo la ciudad tranquila.
El “Argentino” y “El Cuatro Vientos”
Una mañana de 1963, Miguel Angel Mota Ayala, reunió a sus investigadores, con José Ordaz y Sergio Vilchis, como subjefes, a quienes mostró a “El Argentino”, un tipo muy enviciado, al que harían “cantar”, sobre numerosos robos, sin llegar a los golpes. El mismo Miguel Angel, en sus oficinas abrió un paquete con hierba verde y le dijo: “Si me dices, cuando robaste en la colonia Andrade, te preparo un cigarro de la hierba buena”, a lo que “El Argentino” volteó a ver a todos y contestó: “Bueno, pero no le dicen a nadie…?” y acto seguido se fumó el cigarro hecho con orégano verde y cada aspirada que le daba hasta la vista se le nublaba.
“Pos’ así sí hablo” dijo “El Argentino” y comenzó a platicar en todas las partes donde había robado, llevando luego a los mismos judiciales a los lugares donde había vendido joyas y enseres de los hogares, agregando de pasada que él era muy amigo de “El Cuatro Vientos”, pero aclarando “El Cuatro, ya no le hace al movimiento; él vive muy tranquilo por los rumbos de la calle Honda”.
El mismo Mota Ayala, llevó a “El Argentino” hasta la calle Honda de San Miguel y en una casa muy humilde salió un amigo que se dedicaba a pespuntear zapatos. Lo vio con agrado al “Argentino” y a los judiciales y a todos les dijo: “Miren, yo me dediqué mucho al robo, pero ya no le hago. Yo robé las mejores residencias de México, Guadalajara y otras partes y me gastaba el dinero aquí. Me presaron, ya me soltaron y ahora estoy tranquilo”. Y en efecto, el “Cuatro Vientos”, que después puso una cantina frente al Jardín San Francisco, en el Coecillo, le puso por nombre “El Cuatro Vientos”.
Los que no volvieron a robar a León
Los reporteros de policía de hace cuarenta y cinco años, siempre estábamos en las corporaciones policíacas y acompañábamos a la Policía a los lugares que investigaba, por lo que en los primeros días de enero de 1963, la Policía Municipal detuvo a unos 20 rateros que llegaban para robar en las Fiestas de León. Los entregó a la Policía Judicial para que procediera a su encarcelamiento.
Una noche del día dos o tres de enero, salieron dos “julias” con los detenidos. En una iba Miguel Angel y este reportero además de unos diez detenidos. En la otra iba José Ordaz, otro reportero y un fotógrafo, así como unos 12 detenidos. Los dos vehículos se comunicaban por radio, así que salimos con rumbo a Lagos de Moreno.
Miguel Angel Mota habló por radio a José Ordaz: “Mira José, aquí delante del Castillo, te haces a un lado, comenzamos a matar los tuyos. Bajas a uno y tírale a dar, pero a la cabeza, para que no quede vivo”. El primero que protestó fui yo, diciéndole que en todo caso le tiraran a los pies, pero no a matarlos, porque no eran más que rateros. “¡Tírales a matar!” ordenó Miguel Angel y se paró una camioneta y luego la otra. Bajaron a un tipo amarrado y al grito de córrale le hizo tres disparos mientras el delincuente gritaba.
Así recorrimos todo el camino hasta antes de llegar a Lagos, nos metimos rumbo a Las Cruces y ahí se disparó a los últimos tres hombres. “¿Todos murieron…?” preguntó Miguel Angel, a lo que contestó Ordaz “¡Todos…!”.
Regresamos con las “julias” ya sin rateros y con la conciencia enturbiada por haber presenciado aquél crimen masivo, a lo que Miguel Angel, con palabras fuertes sentenciaba ”!Verán que no habrá rateros en la Feria de León!”.
Ya sin los ladrones, Miguel Angel comenzó a reírse y le dijo a Ordaz, “Verás que esos rateros no vuelven a León y menos a la feria”. En efecto, cada uno que bajaban, le disparaban a un lado y éste al saberse salvado seguía corriendo, mientras que los de arriba de las “Julias”, lloraban, porque no les hicieran lo mismo. Todos, absolutamente todos, no murieron, pero efectivamente no volvieron a robar a León, Guanajuato.
Denuncias contra “Las Poquianchis”
Como reportero de EL HERALDO, de León, Guanajuato publiqué el 13 de octubre de 1963 un reportaje de 8 columnas que decía: “Banda de Tratantes de Blancas Descubierta en Lagos de Moreno; Vienen de la frontera a vender a jovencitas; Revelaciones hechas por una de las que los lenones explotan inhumanamente” y luego en el cuerpo de la información, la relación completa y el señalamiento de que quienes protegían este hecho en Lagos de Moreno, eran “Las Poquianchis”.
El 21 de octubre de 1963, publiqué un segundo reportaje también de ocho columnas: “Escandalosa Trata de Blancas; Comprueba la Policía Jalisciense la denuncia de varias jovencitas; moderna Sodoma y Gomorra en la vecina Lagos y las Autoridades toman cartas para frenar el vicio”. En esta información, aparecen ya los nombres de Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela, así como de Ramón “El Tepo” González, hijo de Delfina y contacto con el negocio “México Poker”, de Matamoros, Tamaulipas. Se ubican los lugares de León y San Francisco del Rincón, Guanajuato.
“Las Poquianchis”, tenían cerrado el “Guadalajara de Noche” en Lagos de Moreno, pero mantenían contacto con otros tugurios y así, fui agredido en el lugar llamado “Casa Blanca”, que regenteaba María Eugenia, una de las servidoras de “Las Poquianchis. Esa lesión, motivo que me internaran en el Hospital en León, donde duré unos días, pero estuve sin trabajar dos meses, caso que aprovechó Miguel Angel Mota para investigar.
Detenidas con sus secuaces
Parece un ayer, pero han pasado cuarenta y cinco años, en los que la vida ha dibujado distintas cosas para todos. En mi persona, testigo presencial del caso de “Las Poquianchis” y denunciante de ellas, viví siempre agradecido con Miguel Angel, por su decidida intervención, después de haber resultado herido por denunciarlas.
Pese a las muchas presiones, el domingo 12 de enero de 1964 detuvo María de Jesús; otro día a Delfina y un mes después se entregó Eva González Valenzuela y con ellas cayeron sus ayudantes: capitán Hermenegildo Zúñiga Maldonado “El Águila Negra”, subteniente Juan José Valenciano Tadeo, sargento José López Alfaro, Antonio González Muñoz; la secuestradora Esther Muñoz Nava “La Picochulo”, y cómplices: Adela Mancilla Alcalá, Ma. Guadalupe Moreno Quiroz, Lucila Martínez del Campo, Guillermina o María Ramos Aréchiga, María Auxiliadora Gómez, Ramona Gutiérrez Torres; el cuidador y enterrador de las que morían Salvador Estrada, José Facio Santos velador y los choferes Francisco Camarena García y Enrique Rodríguez Ramírez.
El caso se desarrolló en San Francisco del Rincón, Guanajuato y fue Agente del Ministerio Público, el Lic. Gildardo García Amaro y Juez el Lic. Timoteo Lozano, ambos funcionarios probos que aplicaron correctamente la ley. A Delfina y María de Jesús 40 años de cárcel; capitán Hermenegildo Zúñiga Maldonado “El Aguila Negra” y subteniente Juan José Valenciano Tadeo 35 años de cárcel; Eva González Valenzuela 26 años de cárcel, variando las penas a todos los participantes en este negro hecho de la historia policiaca mexicana.
TRISTE ADIOS: Hubo muchas quejas por su muerte, pero ésta, me puede mucho: “Yo, Miguel Angel Mota Ojeda agradezco infinitamente a toda la gente que se ha tomado el tiempo de manifestar sus condolencias a todo nuestra familia. Gracias por esas bonitas palabras de aliento y de reconocimiento hacia la vida de mi padre Miguel Angel Mota Ayala quien durante 50 anos entregó su vida a esta profesión que tanto amaba. De la misma forma les agradezco a mis hermanos Paty, Laura, Angelica, Chava, Maricarmen, Alejandro y Gaby, y sus respectivas familias el habernos hecho sentir tanto a mi como a mi familia que aunque lejos pudimos estar en los momentos de despedida de mi padre en su último adiós sintiendo un dolor acompañado de rabia, tristeza e impotencia por la manera tan infame en la cual murió mi señor padre. Viejo: siempre fuiste mi héroe y moriste de la misma manera. Mis hijos y yo te amamos y siempre te recordaremos.
* El autor es Premio México de Periodismo,
Cronista y Forjador de Baja California



Miguel Angel Mota Ayala, 74 años de edad


Miguel Angel Mota Ayala, al detener a
“Las Poquianchis”, en 1964.


Seguridad y Justicia

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1 Comment

  1. Esteban Reply

    Muy buen reportaje

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