El teatro mexicano, distante de los fenómenos sociales de nuestro país: dramaturgos

http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2008/06/04/puebla/cul318.php
Miércoles, 4 de junio de 2008
Los dramaturgos mexicanos coinciden en que la globalización y la nueva enseñanza con fines escénicos es un proceso “que no siembra una semilla concreta”, al considerar la urgencia de apartarse de una metodología rígida y libre de influencias literarias unipersonales, y al mismo tiempo reconocer que actualmente el teatro mexicano no está cercano al análisis inmediato sobre los fenómenos sociales generalizados, como los levantamientos armados o el crimen organizado.

Lo anterior se tomó como punto de arranque en el dialogo entre escritores “La identidad actual del teatro universitario mexicano”, que se desarrolló ayer en el salón Barroco del edificio Carolino durante el VII Congreso Internacional de Teatro Universitario, organizado por la Universidad Autónoma de Puebla y la Asociación Internacional de Teatro Universitario, con la presencia de los escritores Estela Leñero, Tomás Ursusiástegui, Wilebaldo López, Flavio González y el productor Guillermo Ríos.

Para los participantes, las nuevas corrientes dramaturgicas deben romper con la lógica entre la palabra y los movimientos sociales, ya que en la actualidad se desarrolla un realismo con muchas deficiencias; se debe ubicar al teatro –dijeron– desde la crítica social al juego escénico, desde el tratamiento íntimo hasta las situaciones reales de nuestro país, con la finalidad de que los contenidos de los nuevos textos teatrales confluyan físicamente en el presente de México.

Estela Leñero enfatizó que la magia del teatro consiste en la convivencia del ser humano con un universo real y físico, a la par que con uno virtual e imaginario y repleto de experiencias, debe abordar una realidad nacional y no sumergirse en la tradición “por eso es tan grave que al dramaturgo mexicano se le margine de los escenarios, su progreso sólo se dará en la medida en que vivan sus personajes, ya que es el portador de las ideas en los contenidos de cada obra; su participación será completamente ideológica y estética, y mientras esto ocurra la evolución del teatro estará llena de mexicanidad”.

Leñero apuntó que la internacionalización del pensamiento, gracias a la globalización de la información y el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación, actualmente permiten al escritor tener acceso a lo que esta ocurriendo en otras partes del mundo; eso ha permitido al dramaturgo mexicano mantener una contemporaneidad y no quedarse relegado en la tradición; sin embargo, esos causes también han provocado una distancia grave entre la realidad nacional y presentar al espectador de otras culturas como “ideales”.

Actualmente el teatro, dice Leñero, sí retoma las enseñanzas clásicas y las lleva al presente, con la finalidad de encontrar nuevas formas para hablar de México y los mexicanos, para ello es necesario que el dramaturgo invoque su pasado y su presente.

Durante este diálogo también se analizaron los procesos de creación de la dramaturgia, ya que no suceden sólo en la mente del escritor ni en la de los personajes sino que, ante las diversas posturas que existen respecto a la enseñanza, los escritores ven la urgencia, ante una explosión demográfica de dramaturgos generar un cauce para que esas distintas posturas pedagógicas se conjuntaren.

Por su parte, el dramaturgo Tomás Urtusástegui, al hablar sobre la perdida de la identidad de las raíces de los escritores mexicanos, explicó que del teatro mexicano de finales del siglo XIX carecía de una identidad mexicana, pues aunque se hacía teatro alemán, francés, la base central era el teatro español, el cual se apegaban tanto al texto original que incluso los actores imitaban el acento de la península.

En la década de los 30, con Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y María Antonieta Rivas Mercado, época que se dio una “verdadera revolución en el teatro mexicano”, en el que ya la realidad social del país estaba inmersa en los temas que dichos dramaturgos plasmaban en sus obras.

El escritor mexicano ejemplificó que la obra El gesticulador de Rodolfo Usigli, que fue presentada en el Palacio de Bellas Artes, tenía un alto sentido político, que contribuyó en cierta medida a que el público se identificara con el teatro mexicano.

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